Farmacia antroposófica

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El sol en la medicina antroposófica

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“El sol permite el equilibrio entre lo material y lo espiritual (…), actuando como un regulador de todo el sistema planetario y ordenando todas las fuerzas astrales.”

                                              Rudolf Steiner

Es indudable la centralidad del sol para la vida terrestre. Y ello, tanto desde el punto de vista astronómico, que considera al sol como una estrella, como desde la antroposofía, que concibe al sol como un planeta.

¿Qué lugar ocupa el sol en el sistema geocéntrico de la medicina antroposófica?

Aunque en la cosmovisión antroposófica la tierra ocupa el centro por ser el lugar donde se encarna el ser humano, el sol es el eje de todos los procesos planetarios que el hombre ha de atravesar entes de nacer y después de morir.

Si los antiguos hombres con capacidades clarividentes no otorgaron ese lugar privilegiado al sol, no fue por desconocimiento del sistema solar, del que sabían mucho más que el hombre moderno (baste ver las pirámides o algunos calendarios aztecas o babilónicos), sino porque su pensamiento no era materialista, situando, por el contrario, al hombre en el centro.

Corrientes solares en el proceso de encarnación y en el proceso de excarnación

El Dr. Victor Bott establece que todo metal posee dos corrientes. La primera de dichas corrientes es la corriente de encarnación (I), que trabaja fundamentalmente sobre el cuerpo. La segunda de dichas corrientes, la de excarnación (II), es aquella que desarrolla el alma. La vida del ser humano se mantiene de manera contínua entre ambas polaridades.

Naturalmente, en las primeras fases de la vida predominan las fuerzas de encarnación, pero no se puede olvidar que el proceso de excarnación comienza en el momento de nacer. Igualmente, a lo largo de la vida, la fuerza de encarnación va apagándose, aunque está presente hasta el día de la muerte.

Existen muchas cualidades específicas del sol respecto de los restantes planetas de la cosmovisión antroposófica. Sin embargo, ahora nos vamos a referir únicamente a aquella que se refiere a la falta de polaridad que presenta frente a los restantes planetas de la cosmovisión antroposófica. En ese sentido, siendo que en el resto de los planetas nos encontramos con polaridades (Luna-Saturno; Marte-Venus; Mercurio-Júpiter), en el caso del sol no existe polaridad, sino que él mismo es su propio contrario.

Si tomamos el corazón como el órgano en el que se manifiesta lo solar el cuerpo, podemos ver estas dos corrientes en los movimientos del corazón, sístole (encarnación) y diastole (excarnación).

Corriente I o de encarnación solar

En la encarnación del ser humano en la tierra los órganos suprasensibles se contraen a modo de sístole, es decir se materializan. Esta dinámica domina en los primeros 35 años de la existencia humana.

Corriente II o de excarnación solar

Por el contrario, en la segunda mitad de la vida prepondera la corriente de excarnación solar, esto es, la corriente equivalente a la dilatación, diástole, como comienzo del camino de regreso hacia el cosmos, hacia los mundos espirituales.

Desequilibrio de una las dos corrientes

Cuando una de las corrientes que acabamos de describir se encuentra debilitada, la corriente polar ocupa ese espacio y provoca ciertas consecuencias en el ser humano.

Encarnación débil

En los casos de encarnación demasiado debil preponderan las corrientes contrarias de excarnación. En los casos más extremos, no se llega ni siquiera al nacimiento, produciéndose un aborto espontáneo.

Si ese desequilibrio no es tan brusco, la vida se desarrolla, aunque los individuos presentan poco apego a la vida, poco apetito, así como un aspecto pálido. Ese poco apego a la vida se manifiesta en una gran cantidad de enfermedades febriles, como intentos de ese yo por imponerse, así como de inflamaciones cardiacas. En estos casos de encarnación debil, igualmente, le puede ser muy difícil al ser humano abandonar esta vida, cuando llegue el momento.

Encarnación fuerte

Cuando nos encontramos con una corriente de encarnación excesivamente fuerte, el niño que nace entra en la tierra “pisando fuerte”. Son niños robustos, con un aspecto saludable y un buen color de piel.

En la primera parte de la vida esta encarnación dominante representa una ventaja vital. Sin embargo, si a partir de los 35 años no remite, puede constituir un problema de cara a la espiritualización del hombre, fijándose demasiado a lo terrenal, a lo material, mostrando en ocasiones un apetito desmedido por el dinero.

En algunos casos, está ligazón “excesiva” de las fuerzas de encarnación en el ser humano, se somatiza en forma de arterioesclerosis y accidentes cardiacos. Esa excesiva encarnación del ser humano, que no cesa en los septenios de vida en los que ya debería ir realizándose el movimiento contrario de excarnación como tránsito a los mundos espirituales, puede ir acompañada de dificultades biográficas personales.

Predominio de las fuerzas excarnatorias

En el caso de predominio de la corriente excarnatoria, la persona puede tener tendencia a “volarse”, viviendo fuera de la realidad. Si esto continúa, pueden llegar a aparecer pensamientos incoherentes, incluso delirios de lo más variados.

Lo solar en el ser humano

El carácter solar

Cuando los procesos solares predominan en el ser humano, éste presenta una apariencia fuerte, buena salud y seguridad en el caminar. Cuenta con una marcada personalidad que le dota de cierto liderazgo convincente. Su actuar suele ser desinteresado, poseyendo, además, un pensar creativo.

Son apasionados, y consiguen llevar a término aquello que se proponen. Ello supone que cuando aparecen obstáculos no se detiene, lo que hace que en ocasiones pueda aparecer la cólera, siendo incluso en algunas ocasiones, excesiva su capacidad de autoafirmación.

Lo solar en el cuerpo humano

En la sangre y lo vascular

Lo solar está siempre relacionado con el calor, teniendo en el sistema cardiocirculatorio su reflejo. La sangre es la que hace posible la homeotermia, esto es, el mantenimiento del calor corporal en todo el organismo.

Pero la influencia solar en la sangre va más allá de lo material, influyendo igualmente en la capacidad de que la sangre llegue hasta su lugar correcto, transportando las sustancias correctas, para volver posteriormente hasta el corazón.

El exceso de fuerzas solares acentúan la hipertensión arterial, mientras que el defecto de fuerzas solares, trae consigo un decaimiento e hipertensión.

El corazón

El corazón es el portador de las fuerzas solares en el organismo humano. Así, es el corazón el órgano que regula entre las tendencias inflamatorias y las escleróticas, entre la concentración y la dispersión. Para ello, cuenta con los dos gestos en sus movimientos, de sístole y de diástole.

Rudolf Steiner siempre fue consciente de que sus teorías requerirían un tiempo para ser asumidas, sin embargo puso empeño en que desde ese momento se dejara de ver al corazón como una bomba que impulsa la sangre, para que se comprendiera, que es la sangre, movida por el alma, la que mueve el corazón.

Con ese cambio de paradigma dejaría de verse al ser humano desde una visión mecanicista, tan imperante en la actualidad, y se le viese como un ser dotado de alma.

El corazón es un órgano que se mira a sí mismo, siendo el regulador más interno entre lo encarnatorio metabólico y lo excarnatorio espiritual, esas dos fuerzas polares que han de ser mediadas.

Desequilibrio de lo solar en el corazón

Cuando existe un exceso de fuerzas solaresuilibrio se desplaza hacia el corazón, haciendo aparecer esclerosis en las arterias coronarias.

Por su parte, una debilidad de las fuerzas solares puede hacer aparecer enfermedades en zonas periféricas vasculares.

Lo solar en lo anímico

Las fuerzas solares también acompañan la interconexión de lo anímico espiritual con lo físico etérico, y viceversa, de lo físico etérico con lo anímico espiritual. El sol permite que el Yo central de cada hombre integre de manera sana aquello que le rodea, ya sea su prójimo, como lo propio ambiental, trabajando la autorregulación y la autodeterminación, y favoreciendo conexiones empáticas.

Además, el sol brilla en el aquí y el ahora, por lo que debe estar compensado, ya que las fuerzas solares sobrepasadas generan recuerdos con sentimientos de culpa, y las fuerzas solares insuficientes, hacen que la persona sueñe con un futuro irreal.

La hipertensión que se decribía anteriromente es una muestra de una excesiva unión de lo astral en lo físico-vital. Por el contrario, una debilidad de estas fuerzas solares conduce a un rápido agotamiento, así como a trastornos venosos.

Lo solar en el plano espiritual

La sangre que ha recorrido el cuerpo vuelve al corazón, moviéndolo y generando así la cadencia de los latidos. El acompasamiento de esa frecuencia y la armonización puede impulsar la parte empática del hombre y ayudarle en su búsqueda de lo bueno que ayude a progresar a la humanidad.

En el pensamiento

El pensar es un hecho espiritual imprgenado en lo físico material. Los procesos solares acompañan ese pensar y ese imaginar, para que a la impresión sensorial se le ponga el concepto.

En caso de un exceso de fuerzas solares, se pueden llegar a distorsionar los pensamientos hasta llegar a las neurosis obsesivas, mientras que unas bajas fuerzas solares, pueden conducir a la persona a intranquilidad y miedos.

Lo solar en la biografía

El sol es el astro que más larga influencia tiene en la vida del hombre sobre la tierra, y ello pues es el astro que rige en la biografía humana desde los 21 a los 42 años de edad en todo el desarrollo del alma.

El nacimiento del Yo en el ser humano va impregnándose desde el interior hacia el exterior, primero en lo anímico, posteriormente en lo vital y, finalmente, en lo físico.

Con esa aparición de la individualidad autoconsciente aparece también el equilibrio anímico-vital propio de cada ser humano. Con ello, se integra todo aquello que antes fue heredado o que estaba en el ambiente que le rodeaba, siendo transformado por cada ser humano desde su libertad interior y única.

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