Triple observación de la crisis del Coronavirus

En su Teosofía, Rudolf Steiner indica cómo nos relacionamos con el mundo desde nuestras tres entidades; Cuerpo, alma y espíritu.  Este artículo propone la triple observación de la crisis generada por la presencia del llamado Coronavirus y de la enfermedad que han denominado CoVid-19.

Desde la perspectiva del cuerpo

Nuestra entidad corporal nos permite la observación del mundo que nos rodea mediante nuestros sentidos.

Mirando al virus

El problema viene dado porque nos enfrentamos a un elemento patógeno que no puede ser percibido directamente por los sentidos. Por su reducido tamaño no se vé y mucho menos, se huele, se oye o se toca. Apenas se logra poner de manifiesto su presencia mediante un análisis de ampliación de RNA (el material genético del Virus) en la famosa prueba llamada PCR (reacción en cadena de la polimerasa). Aún así los expertos no se ponen de acuerdo si la presencia de esta material genético es solo atribuible al Virus o esta partícula de RNA pudiera existir como reacción a otras patologías de intoxicación de las células.

Otra manera de demostrar que la persona ha estado en contacto con el Coronavirus es midiendo mediante análisis serológicos la presencia de anticuerpos generados por el individuo para defenderse de él

Mirando la Covid-19

La mirada al virus solo nos indica su existencia, pero no nos permite asegurar, en el estado actual de la ciencia, la relación que tiene con el desarrollo de la enfermedad, la Covid-19, lo que realmente más preocupa. La investigación médica no puede predecir qué personas pasarán la infección sin síntomas, quienes sufrirán alteraciones más o menos graves, y cuantos perderán su vida a consecuencia de ella.

Parecería que debiera ser fácil saber el número de enfermos que existen en una población y el de fallecidos para posteriormente y, mediante sencillos cálculos estadísticos conocer la letalidad y la mortalidad de esta enfermedad.

Pero no a todos los fallecidos se les han hecho las pruebas ni a los enfermos y, mucho menos, a los portadores sanos que no la han desarrollado. Y, todavía es más alarmante que exista un baile de cifras entre las diferentes autoridades hasta generar un estado de absoluta confusión.

Queda la pregunta de si todos los fallecidos han sido consecuencia del virus, o, simplemente daba la casualidad de que este se que se ha encontrado en ellos que ya contaban con patologías previas que les iban a conducir inexorablemente a su fallecimiento habiéndose contagiado o no del virus.

Es decir que mediante la observación por los sentidos y sus ampliaciones no se logra una correcta percepción de la enfermedad en sí.

Observación anímica

En este caso no ha sido el virus, sino la pandemia generalizada lo que ha afectado de manera marcadamente al alma. Y cuando digo pandemia no me estoy refiriendo a la infección del virus, sino de algo mucho más contagioso como es el miedo.

Siempre que uno se adentra en el ámbito del alma, debe hacerlo con la conciencia de que este es un espacio propio e individual de cada ser humano, por lo que no puede ser ni juzgado ni objetivado. Así dentro de cada persona el alma se habrá encogido en mayor o menor medida en función de lo cercana o lejana que haya sentido la amenaza.

Sin embargo, como observación se puede afirmar que en gran parte de la población el miedo, y más concretamente, el temor a la muerte ha conducido a renunciar muchos aspectos de la vida. Y queda la pregunta en el aire de si preferimos no vivir antes que morir. La población ha renunciado a grandes dosis de libertad, de movimiento, de reunión, de expansión y ocio, etc. Hemos minimizado nuestros contactos, no hemos ido a ver a nuestros padres o familiares mayores, los abuelos han renunciado a ver crecer a sus nietos. Cuando nos vemos no nos tocamos, ni mostramos nuestro rostro que ocultamos tras una mascarilla mordaza. Hemos permitido que exista una opinión única, no matizada ni abierta a otras visiones de esta enfermedad social-sanitaria.

El alma ha sido la gran dañada en esta enfermedad, pero de esto ya se ha hablado en los artículos anteriores

Observación desde lo espiritual en el hombre de la crisis del coronavirus

El último escalón que el ser humano la parte espiritual puede alcanzar es el de descubrir de manera objetiva, casi divina, dice Steiner las leyes que existen detrás de cada acontecimiento.

Una de las leyes espirituales acerca de cualquier enfermedad es la de que esta aparece cuando existe algo que no está sano . Es precisamente esa manifestación la que permite que se pueda solucionar. Es decir, que la enfermedad no es más que una oportunidad para sanarse.

Si se mira la CoVid19 como enfermedad social podemos deducir que está manifestando que el ser humano ha creado unas condiciones medioambientales tan deterioradas que, con facilidad, podemos contagiarnos de una enfermedad que se circunscribía al reino animal.

Que vivimos en un hacinamiento que permite un rápido contagio, que nos queda por descubrir la verdadera solidaridad que proviene de la fraternidad consciente. Que de aquí nos nos va a sacar nadie, pero que podemos salir cada uno de nosotros. Que para llegar al bien hay que superar el mal, y que este existe. Y muchos otros aprendizajes que se le han revelado a cada uno de nosotros.

Apenas son unos pequeños apuntes de todo lo que se puede aprender en estos tiempos donde se han abierto par en par las puertas del cielo y el infierno….   

La ciencia ¿enferma?

El covid 19 ha dejado entrever la situación de la actual ciencia oficial y sus lagunas.

Ciencia espiritual

Proceso de conocimiento

En la ciencia espiritual o antroposofía, el conocimiento o estudio de algo se da en tres pasos implicando al cuerpo, alma y espíritu

Así para estudiar cualquier objeto, por ejemplo, un árbol se llevará de la siguiente forma:

Primero lo percibiremos con los sentidos que se alojan en nuestro cuerpo:

Mediante los ojos podremos ver los colores, el porte, describir sus hojas, ramas, etc. El oído nos permitirá captar la interacción del follaje con el viento, con el olfato aspirar su perfume, el tacto nos dirá si es suave o rugoso, etc. A medida que los sentidos captan aportando información le iremos asociando a un concepto de los que ya teníamos acumulado en la memoria.

Cuando ya no estemos delante del árbol será la representación que hayamos grabado en nuestra alma la que nos permitirá acordarnos de él, es decir, se habrá generado una experiencia. Esta ya será particular de cada uno, subjetiva y responderá a lo que despierta en cada uno esa representación y se alojará en la parte anímica de la persona.

El tercer paso de conocimiento y el capital en la ciencia, es cuando descubro la esencia de ese árbol. Ya no se trata de lo que a mi me parece, sino de lo que ese árbol es. De las leyes naturales que rigen en él, que hacen que fructifique de determinada manera y en fechas concretas, o que su flor cuente con un determinadas número de pétalos o sépalos, etc. Conocer esas leyes permite entrar en contacto con el ser del árbol y se hace mediante el pensar humano ,la parte espiritual del ser humano.

Ciencia natural material

La ciencia natural materialista actual se maneja fundamentalmente en el paradigma de la experiencia sensorial. Así frases como el hecho experimental y por lo tanto cierto, o la dictadura de la medicina basada en la evidencia son el fiel reflejo de que solo se basa en la percepción que obtiene mediante los sentidos o sus amplificaciones. 

Se formula una hipótesis teórica y esta se comprueba estudiando si en las mismas condiciones aparecen idénticos resultados; en ese caso la hipótesis se aprueba como válida. 

En medicina cada vez más estos estudios son simples estadísticas que no contemplan al ser humano como algo más allá de un número.

Ya no se trata de buscar las leyes profundas, sino apenas se trata de comprobar efectos. Esto hace que se limiten a estudiar las consecuencias, pero no se esclarezcan ni los procesos ni los desencadenantes del cualquier hecho

Ahora en plena crisis del Coronavirus lo que podemos apreciar es que la ciencia actual se ha instalado en la parte anímica: Supuestos expertos de todo el mundo, virólogos, epidemiólogos, inmunólogos, farmacólogos, etc. debaten entre ellos, cual si fuesen tertulianos, sobre la pandemia. Parece faltar un rigor y que no se hablara de lo que es, sino de lo que les parece o de sus opiniones, sometiéndose al poder político de una manera sumisa. Nadie predijo esta crisis ni nadie puede pronosticar su evolución, sin embargo se hacen profecías que no hacen más que tratar de generar miedo en la población.

Medicina ampliada

Estamos cansados de que a las medicinas complementarias o ampliadas se les haya condenado a su desaparición con el argumento de que son poco rigurosas y científicas. Algo que ahora se podría decir de la medicina convencional. ¿Quién está ahora respondiendo desde opiniones y no desde leyes de la ciencia o del espíritu?

Existen otras maneras de acceso al conocimiento y tras esta crisis son mucho más necesarios que nunca. No se trata de condenar ninguna de las vías, sino de buscar ampliar los conocimientos y el acceso a la sabiduría desde diferentes caminos.

Virus veraz

Aunque en el artículo anterior decía que dejáramos de mirar al virus, en este propongo un nuevo enfoque hacia este patógeno.

La enfermedad ha venido para que algo se cure

La medicina antroposófica contempla la enfermedad como la manifestación física de algo que ya se encontraba afectado en otros ámbitos, como pueden ser el anímico o el vital.  

Con esta perspectiva, se puede decir que cualquier patología no es más que una oportunidad de sanación. Y esto cambia el paradigma, no contemplando la enfermedad como algo a erradicar, sino como algo de lo que se puede aprender.

Entiendo que se hace difícil poder contemplar de esta manera una enfermedad que se ha llevado a decenas de miles de personas en nuestro país y muchos más en el mundo. Pero, desde la cosmovisión de la ciencia espiritual, la muerte no es el final de la entidad espiritual de un Yo. Así el sacrificio de muchos que han dejado su vida ha de enseñarnos algo a los que nos hemos quedado y con ello a la evolución de la humanidad completa.

Fisiopatología del Coronavirus

SI observamos la fisiopatología del virus en su enfermedad, vemos que está dañando la zona rítmica de la persona: el pulmón y el corazón, órganos donde reside lo más humano y social del hombre. Es decir que la enfermedad es un verdadero ataque al ser humano, como individuo sintiente y social. Algo que además las medidas de confinamiento han agravado.

También llama la atención que parece ser que la causa de la letalidad de la infección se halla en la coagulación intravascular diseminada, es decir, como si la sangre, lo más humano que tenemos se hiciera piedra. En términos antroposóficos, como si nuestro Yo se hiciese cuerpo físico.

Sirva la observación de lo que está haciendo en el hombre este virus, para tener las pistas de cómo erradicarlo y, sobre todo, para aprender lo que podemos hacer para evolucionar como humanidad.

Un atentado a la verdad

En este punto me llama la atención la similitud fonética de las palabras virus y veraz, aunque su origen etimológico sea diferente. Y es que creo que el Coronavirus ha venido para hablarnos de la falta de verdad que estamos viviendo en estos momentos en la tierra.

Y nos invita a ponernos manos a la obra para llenar de verdad nuestro planeta

Steiner habla de que la verdad es la máxima aspiración de nuestro pensar y en evangelio encontramos que es esta la que nos hará libres.

Ya se ha comentado que el virus actúa en la sangre, vehículo del yo, y donde no puede ni debe existir ninguna falsedad para que se encuentre sano.

Pocos actos fisiológicos hay que requieran tanta confianza como la respiración, ¿como podríamos expirar el aire, si no tenemos la confianza de que habrá de nuevo aire verdadero para inspirar.

Cuidado con lo virtual

En estos momentos de confinamiento, nuestra vida se ha llenado de realidades virtuales, de contactos con otras personas a las que vemos en una pantalla, que requieren de un enorme esfuerzo para poder sentirse en sintonía con ellos. Con el consiguiente desgaste para nuestro cuerpo vital.

Usemos la tecnología de la comunicación con el cuidado de saber, que, esta dificulta el desarrollo del sentido del Yo ajeno. Tratemos de buscar nuevas formas para poder crecer en esa capacidad, como puede ser la de meditar antes y después con las personas con las que se ha tenido una conversación telemática.

El 5G

La amenaza de llenarnos todavía más, con la mentira, por ejemplo, que gracias a la nueva tecnología 5G de las máquinas puedan hablar entre sí o los coches circulen de manera autónoma nos presenta un presente y futuro inmediato de lo más sombrío. Algo así como que la palabra verdadera se va arrinconando para dejar paso a una comunicación sin alma ni espíritu.

Todavía no hay estudios aceptados por la comunidad científica que puedan corroborar que las ondas de esta nueva tecnología resulten dañinas o perjudiciales para la salud física, algo en lo que se amparan los materialistas.

Pero lo que parece indudable es, que la extensión de esa red, que trae la falsedad a nuestra vida es un grave atentado a nuestro ser espiritual y con ello, una victoria de las fuerzas opositoras que quieren ver al hombre poco más que como un animal que ha evolucionado hasta convertirse en una máquina que funciona de manera aparentemente óptima y no como un ser dotado de alma y espíritu. Por tanto, aunque la tecnología 5G no fuese el desencadenante de la enfermedad sí que ayudaría enormemente a su propagación.

Falsedades

Las noticias están llenas de falsedades y de manipulaciones, otro atentado constante a la verdad. Cuidemos con aquello que vemos, que difundimos y que nos penetra. En esta línea me asusta ver algunos vídeos como el de un supuesto diálogo entre el virus y su padre, tratando de llevarnos a la idea de que el origen de esta pandemia está creado por Dios Padre https://www.youtube.com/watch?v=NaIMHrZl3SQ

Personalmente, pienso que este virus fue puesto en el mundo por las fuerzas que se oponen a la evolución de la humanidad y que las fuerzas del logos han logrado convertirlas en una nueva posibilidad para invitar al hombre en un ser más verdadero. 

Sigamos la invitación de acercarnos cada vez más a la verdad.

¿Y, si dejáramos de mirar al Virus?

El confinamiento está haciendo que todos nos encontremos reflexionando más. Encima, algunos de nosotros osamos compartirlas, con el riesgo de pesadez y aburrimiento que eso conlleva.

Hoy os quiero comentar que estoy harto de estar todo el día mirando al puñetero virus.

Hace ya días, casi semanas, aunque me parecen meses, que decidí evitar los telediarios y apagar la tele. Estaba harto de la imagen de la “pelota con pinchos” que aparece en todos los decorados y cortinillas de los informativos.

Y, me planteo; ¿realmente es el Coronavirus el protagonista de todo esto?

¿Cómo nosotros, los únicos seres dotados de cuerpo alma y espíritu le podemos ceder el protagonismo a algo que carece de espíritu, no tiene alma y es dudoso que posea cuerpo?

¿No es acaso más importante el hospedador que el agente infeccioso?

¿No habló Rudolf Steiner en repetidas ocasiones de que lo más importante es el ser humano? Si se cuida el terreno, podremos controlar lo que prolifera en él.

Como sanitario estoy obligado a no contravenir ningún consejo de los que las autoridades han indicado para evitar el contagio. Pero, estas no suelen dar ninguna indicación más allá del paracetamol pautado, para aquellos que hayan podido contraer el Covid-19.

Tomar el sol para aquel que lo pueda hacer en el confinamiento, respirar consciente, a ser posible, aire lo más puro posible está demostrado ser una medida eficaz en esta pandemia y en otras, como la de 1918, para sobrevivir a la enfermedad.

La antroposofía indica, además, que un verdadero trabajo del yo va a aportar las fuerzas necesarias para superar esta crisis.

Verdaderamente, no es que mediante un fortalecimiento del yo, por la meditación, trabajo de lectura consciente, ecuanimidad, pensar positivo, ejercicios de voluntad, etc. vayamos a superar esta enfermedad; es que, probablemente la enfermedad haya llegado para invitarnos a llevar cabo todo esto. Para que evolucionemos y nos sanemos.

Y si la humanidad no cambia su manera de vivir nos llegará otra enfermedad o crisis que nos lleve a realizar ese cambio.

Estos días leo innumerables ideas del origen de esta crisis empezando por la tesis oficial de dudosa credibilidad, para continuar con la idea de si fue un virus generado en un laboratorio, o la posibilidad de que todo esto se consecuencia de las redes de telefonía 5G, etc.  Durante días mi mente científica trató de darle una explicación racional a esta enfermedad. Hoy, he superado esta fase que creo tramposa y ya no me importa el origen, sino el qué es lo que podemos curar a través de esta crisis. Y qué es lo que tengo que cambiar yo.

Sí, yo.

Para poder curarme y sanarme.

Creo que si no salimos unidos de esto, no lo vamos a hacer, pero también creo que debemos salir agrupados todos tras hacer un trabajo personal con nuestras sombras y dobles. 

Con mis miserias que me ponen de mal humor por el encierro. Con mis angustias por cuándo y cómo va acabar esto. Con mi falta de paciencia con mis hijos a la hora de ejercer de profesor. Con mi cansancio, con mi pereza para cuidar mi cuerpo, con mi aburrimiento por la monotonía del paisaje que miro a través de la ventana…etc

Y una vez que me alíe con esas sombras que son tan mías como mi yo más profundo, estaré en condiciones de decir que he vencido al virus, sea de la naturaleza que sea; el Covid 19 o el 20 que estará por llegar.

Creo que si no hacemos este trabajo estamos abocados a repetir una crisis, pero mayor que esta. Y es que existe un dicho colombiano que dice algo así como que “el que no es hijo del cielo, es hijo del trueno”

Ojalá no necesite más relámpagos y aprenda, modifique lo necesario, persevere en los cambios y evolucione.

Entonces habrá valido la pena…

Los encuentros kármicos del Coronavirus

Son momentos de aislamiento. Y, aún así, agradezco la cantidad de encuentros kármicos que vivo en estos momentos. No deja de ser sorprendente que, ahora que parece que el mundo no quiere que nos reunamos, ni nos veamos ni abracemos de verdad, se abran tantas posibilidades para poder encontrarnos de otra manera. 

No me gustan, nunca lo han hecho, ni las conversaciones telefónicas ni las videollamadas en todas las variantes que existen. Me parecen frías e inauténticas y creo que esta hipertecnologización actual puede encontrarse, en mayor o menor medida, detrás del problema ante el que nos encontramos actualmente. 

Sin embargo, es mediante la tecnología como se hace posible que puedas estar leyendo esto. Y, a la vez, he de reconocer que en estas semanas he tenido conversaciones de enorme profundidad y de gran trascendencia. Tiempo de paradojas. 

Un de los diálogos que mantuve  fue con mi amiga y maestra Ana López Barrasa, médica antroposófica y biógrafa. 

Confesaba en el artículo anterior mi preocupación por la soledad que deben estar pasando aquellas personas que están cruzando el umbral en estos momentos de tanta incertidumbre. Y como esa angustia me costaba cuando pensaba en seres queridos cercanos, especialmente en mis padres.

Pero Ana me dió otra imagen; me planteó la cantidad de encuentros kármicos que se deben estar produciendo entre los que están en su agonía con auxiliares de clínica, enfermeras y enfermeros y médicos. Estas personas, como pueden, están logrando envolver en una nube de amor y cuidados a los que están partiendo desde la tierra sin la compañía de sus familiares. Y el vínculo kármico que se está estableciendo trasciende esta vida, quedando ligados para siguientes encarnaciones. Y, así cuando vuelvan los que ahora se han ido, lo harán albergando en sus almas un profundo sentido de gratitud y no ya hacia “los suyos”, sino hacia aquellos que les acompañaron con generosidad y altruismo. Creo que si miramos el tema del coronavirus ampliando la mirada, algo que podemos gracias a la ciencia espiritual, podremos tener una profunda esperanza en que se está gestando un futuro que nos ayudará.

Este sentimiento positivo lo necesitamos, porque se nos acercan tiempos difíciles, es como si el cielo y el infierno hubiesen abierto sus puertas de par en par en estos momentos, dejándole a la humanidad que decida hacia dónde quiere encaminar sus pasos.

Esperemos que todas estas personas, que nos han dejado estos días y que, se hayan encontrado acompañadas por la generosidad y el altruismo de todos estos sanitarios, nos iluminen desde el otro lado en esta encrucijada.

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Trabajar con los temperamentos

Trabajar con los temperamentos

De poco nos servirá saber qué temperamento predomina en nosotros si esto no nos sirve para poder desarrollarnos como personas

Los temperamentos no son una etiqueta sino un posible arranque para conocer a una persona

Al encontrarnos con una persona debemos ser conscientes que solo percibimos de él su naturaleza externa, siendo lo que queda en su interior mucho más profundo. Así existen tantos enigmas como hombres, entonces cuando hablamos de temperamentos deberemos ser conscientes de que no es más que una manera de acercarnos a una parte de su esencia. Jamás estos serán una etiqueta y mucho menos se deben justificar comportamientos propios o ajenos por el hecho de poseer uno u otro temperamento.

Acompañar a los niños en su camino

Esta no es una página de pedagogía y se encuentran en la red algunas mucho mejores que pueden dar las claves para acompañar desde el enfoque Waldorf este tema.

En cada uno de los temperamentos melancólico, flemático, sanguíneo y colérico se encuentran desarrolladas la manera de trabajar con los cada temperamento de manera concreta. En esta parte basada en el ciclo de conferencias de Rudolf Steiner en Berlín en marzo de 1909 bajo el nombre de los cuatro temperamentos (GA 57) se dan las pautas generales

Guiar el desarrollo de los temperamentos de los niños es una de las tareas fundamentales para padres y educadores. Lo primero que se debe tener en cuenta es lo que hay y no echar de menos lo que no hay. No se trata de dar consejos ni, mucho menos, pautarlos, porque el acompañar niños es un arte, que ha de ser experimentado, aunque estas líneas puedan aportar algunas claves para ello.

EL NIÑO melancólico

El niño melancólico requiere que aquella persona que quiera educarle haya sufrido ciertos embates de la vida y haya pasado por circunstancias difíciles. Para aprender de alguien ha de sentir que su mentor ha padecido verdaderos dolores. Al melancólico no le podemos eliminar su capacidad de sufrimiento y de vivir en la autolástima, porque son inherentes a él. Por ello, se le deben mostrar situaciones dolorosas en el exterior que puedan justificar esos sentimientos para que salga de su mundo interior de dolor y reconozca esa desgracia en otras personas.

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El niño flemático

El niño flemático requiere, más que en otros casos, compañeros de juegos, a ser posible con intereses múltiples y variados, porque estos amigos serán los que ayudarán a este niño indolente a despertarse. Es como su alma fuera capaz de adoptar los intereses que le reflejen las almas ajenas.

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El niño sanguíneo

A este tipo de niños hay que tratar de despertar su interés, pero no forzándolos a un aprendizaje anclado a una silla. La manera más eficaz y que más evolución desarrolla en estos niños es el hecho de explicitarles cariño. Todos los pequeños demandan cariño, pero los sanguíneos, niños entre los niños, lo requieren todavía más. Todo lo que se haga debe despertar el amor en ellos y se debe hacer que hasta los objetos provoquen ese tipo de sentimiento en ellos.

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El niño Colérico

El niño colérico requiere reconocer y valorar a la persona que le está educando. Él debe tener el convencimiento de que esa autoridad comprende y vive aquello que está tratando de inculcar y que cuando habla lo hace de una manera competente y coherente.

También son personas que requieren retos en la vida, por lo que no se les deben evitar las dificultades de cualquier proceso.

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Autodesarrollo en el adulto

Una persona se puede desarrollar de manera limitada mediante el empleo de sus capacidades intelectuales. De poco sirve saber lo correcto, sino se lleva a cabo y, a ser posible de manera continuada y con un ritmo adecuado, ya que esta es la única manera para que el cuerpo etérico lo pueda aprender.

Las fuerzas del pensar son las menos indicadas para modificar un temperamento. Lo que sí se puede es modificar las circunstancias para lograr un mejor desarrollo personal. Así

El melancólico deberá buscar sufrimientos y dolores ajenos que por tener mayor intensidad puedan hacerle olvidar los propios y le ayuden a trabajar la compasión.

Los flemáticos deberán llegar a tal aburrimiento que le haga soltar la indolencia que les acompaña en su vida.

El adulto sanguíneo puede generarse experiencias diferentes para mantenerse suficientemente interesado en la vida.

El colérico ha de encontrar circunstancias en las que sus pataletas sean tan absolutamente inútiles, para que vaya aprendiendo a que estas no le ayudan en nada a lograr obtener sus deseos.

Al igual que en los niños siempre se trabaja con aquello que hay y no con aquello de lo que se carece.

Cuidado y autocuidado: Salutogénesis, Sanar y Curar

Los conceptos de salutogénesis, sanar y curar resultan fundamentales en la idea de cuidado y autocuidado.

Cuidado y autocuidado: Salutogénesis. Conceptos

El primero en definir este concepto fue Aaron Antonovsky en los años 70, consistiendo, como su nombre indica, en la idea de tratar de crear y generar salud.

Para generar esta salud, debemos recurrir a una serie de consejos higiénico dietéticos, ya que, desgraciadamente, para un farmacéutico antroposófico, en el momento actual no se disponen en España de medicamentos antroposóficos.