Farmacia antroposófica

Antroposofia, Medicina antroposófica, Medicamentos antroposóficos

Los procesos de calor en la elaboración de los medicamentos antroposóficos

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Descripción de los diferentes procesos de calor de la farmacopea antroposófica

El calor en la medicina antroposófica juega un papel relevante que va más allá de la elevación física de la temperatura, o de ser un mecanismo de extracción de un principio activo. Al calentar una materia se observa su dilatación, aumenta su solubilidad y, en ocasiones,  pueden aparecer colores y olores.

Cuando se aumenta drásticamente la temperatura de una sustancia sólida, ésta comienza a perder sus contornos y su forma, pasando primero al estado líquido y, posteriormente, al estado de menor agregación, el gaseoso, que hace que se disperse por todo el espacio que tiene a su disposición. Es como si el calor impusiera la ley de la levedad a lo sólido y pesado, dotándolo, en alguna manera, de movimiento.

El calor se ha empleado desde la prehistoria para cocinar alimentos y hacerlos más digestivos. Posteriormente se ha emplea para trabajar los metales, soplar vidrio o trabajar la cerámica. De alguna manera el calor eleva la sustancia de la forma aparente en la que se encuentra, transformándola, y permitiendo que “despierte” el proceso que se encuentra materializado. A través de ello, se produce un acercamiento de la naturaleza al hombre y se favorece la acción terapéutica.

Existen dos tipos de procesos térmicos que se diferencian en función de si se aplica un calor seco o si se aplica calor húmedo:

Procesos relacionados con el calor seco

Mediante los procesos de calor seco se obtienen medicamentos que actuan como estimulantes de los cuerpos constitucionales superiores.

Desecación

El proceso de desecación permite  “continuar la maduración de la planta, fuera de la planta”, reforzándose, con ello, la obtención del aroma y de la formación del azúcar. Este tipo de proceso dirige el preparado hacia las propiedades más sulfúreas, acercándolo al metabolismo humano.

De esta manera se produce el Hepatodoron®, consiguiéndose que continue el proceso azúcar, tanto de la hoja de la vid (Vitis vinífera), como de la fresa (Fragaria vesca).

Tostado

Mediante el proceso de tostado y la elevación de la temperatura entre 170ºC y 200ºC, se logra liberar la parte más astral de una planta, que luego vuelve a combinarse de otra manera.

El Equisetum sulfuratum tostum se somete a este proceso bajo las indicaciones de Rudolf Steiner. Este proceso se lleva a cabo con azufre. A la planta, que contiene básicamente tallos estériles, se le añade el proceso floración, reforzándose la parte astral de esta planta. Con ello se dirigen sus propiedades terapéuticas a la esfera renal.

Otro ejemplo muy llamativo del uso de este proceso térmico es el de la Spongia tosta. La esponja marina, un animal rico en yodo, se somete al tostado para aumentar su capacidad astral y dirigir su proceso terapéutico al metabolismo del tiroides.  La medicina antroposófica considera al tiroides tan astral que lo caracteriza como el cerebro del metabolismo.

Carbonización

En el proceso de carbonización se puede llegar a elevar la temperatura hasta los 650º C. Todo ello sucede en ausencia de oxígeno, dado que se hace extrayendo el aire.

De este proceso se obtiene un carbón que representa el esqueleto carbonado de la planta. Mantiene la estructura del vegetal condensada, además de ser capaz de unirse al oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, azufre, fósforo, etc. permitiendo el desarrollo de la vida.

De esta manera se aumenta en una sustancia su afinidad por lo gaseoso y por la luz. Tras la conveniente pulverización y posterior potenciación permite preparar medicamentos que regulan lo gaseoso en zonas no respiratorias, por ejemplo, en el tracto digestivo. El carbón de abedul, es muy efectivo para tratar dispepsias y flatulencias.

Sublimación

La formación de espejos metálicos es una genial creación de Rudolf Steiner. Este proceso consiste en calentar a muy altas temperaturas un metal para llevarlo hasta su estado gaseoso, estado en el que aparecen colores brillantes y, posteriormente, enfriarlo bruscamente sobre una superficie.

Es una manera de intensificar las fuerzas mercuriales sanadoras de los metales que se han descrito pormenorizadamente en este blog.

Incineración

En el proceso de incineración se emplea un rango de temperaturas que oscila entre los 500ºC y los 700ºC. En este proceso se mantiene una aportación constante de aire y se obtienen las cenizas de la planta o del animal que se esté empleando como sustancia terapéutica.

Tras esta transformación apenas queda un montón de cenizas que es la parte más mineral de la planta. En ellas ya no quedan trazas de lo que fue la planta, ni siquiera analíticamente.

Es algo similar a lo que ocurre de manera natural en la formación de la semilla tras el verano. En ella ya no queda nada que nos haga imaginar al arbusto en la nimia semilla de mostaza, es como si la dura semilla redujera sus fuerzas etéricas al mínimo, para hacerse una con la tierra.

De manera mucho más lenta esta incineración se produce también en el cuerpo humano, en el pulmón. El pulmón es el órgano tierra y, como la semilla, la parte que se hace una con la tierra con la continúa incorporación de aire.

Por lo tanto, los preparados en forma de ceniza (Cinis) se dirigen hacia lo respiratorio y, en especial, para tratar patologías pulmonares, como el asma.

Procesos de calor húmedo

Mediante estos procesos se obtienen medicamentos que tienden a relajar las funciones de los cuerpos constitucionales superiores, actuando así como protectores en la enfermedad.

Digestión

La sustancia, generalmente de origen vegetal, se mantiene sumergida en un líquido a 37ºC. Es la misma temperatura que mantiene el cuerpo humano, independientemente de las condiciones ambientales externas y que posibilita la vida. De alguna manera con este proceso se lleva la sustancia hacia el ser humano, siendo la sangre la que marca la temperatura.

A través de este tipo de proceso el medicamento se dirige hacia el sistema rítmico. Ejemplo de ello son aquellos medicamentos destinados al corazón como el Crataegus, el Strophantus o la Digital o los componentes del Cardiodoron.

Destilación

En este método de extracción se separa lo esencial de su residuo sólido, salino. Este proceso activa las fuerzas mercuriales de la planta, que se suelen encontrar en los aceites esenciales.

El paso de lo líquido a lo gaseoso se da de manera natural en la evaporación. En el ciclo del agua, ingentes cantidades de agua se volatilizan hasta alturas cósmicas, cayendo posteriormente para bendecir la tierra.

A través de este proceso, además de extraer los aceites esenciales en sí, se materializan las fuerzas de calor que ha regalado el sol.

Infusión

Una de las maneras más conocidas de extracción de principios activos en un medio húmedo es la infusión. Consiste en verter agua hirviendo sobre la parte vegetal (suelen ser hojas o flores secas) de la que se quieran obtener sus principios activos manteniéndolas sumergidas un tiempo antes de filtrar el líquido resultante, que suele atrapar sustancias aromáticas.

Desde el punto de vista de la medicina antroposófica es un proceso por el cual se acentúan las propiedades sulfurosas de una planta. Por ese motivo es el proceso ideal a emplear cuando se busca la utilidad terapéutica de estimular las secreciones y los procesos digestivos. Es el método empleado en el caso del Absinthium o el Anagalis.

Decocción

Este proceso se emplea para despertar las virtudes terapéuticas de las partes duras y leñosas de las plantas, como son las cortezas, semillas y maderas, y sus principios activos, como taninos y sustancias amargas.

Para ello, se introducen dichos elementos en agua fría llevándose  la mezcla hasta la ebullición. Posteriormente, se recoge el vapor  que por condensación vuelve al estado líquido. De alguna manera se produce un “baile” entre el estado gaseoso y el líquido.

Este proceso es similar a  lo que ocurre en la digestión humana. Así, cuando se prepara un medicamento empleando esta técnica, se le está facilitando a la persona que lo emplea la adquisición de sus beneficios y propiedades.  De alguna manera, se le “facilita” la aportación beneficiosa del remedio.

La mayor parte de la  fruta se deja “cocer” por el sol y por eso la podemos consumir cruda. Hay excepciones como ocurre en el caso del membrillo, que debido a su piel coriácea y dura, impide dicho proceso y, por eso, requiere ser cocinado para poder servir como alimento.

Este método, que no se emplea en la homeopatía,  lo usa la medicina antroposófica en las ocasiones en las que se requiere redirigir la acción terapéutica de una planta a una zona que no se encuentra en las equivalencias comunes (raiz-sistema neurosensorial; tallo/hoja-sistema rítmico; flor/fruto-polo metabólico).

Por ese motivo, es el proceso que se emplea cuando se quieren dirigir sustancias provenientes de las hojas de las plantas (como las del abedul) o de las raices (como las de la genciana o la manzanilla) hacia el metabolismo.

Maceración en frío

Aunque este proceso de extracción no está condicionado por el calor, como su propio nombre indica, la hemos querido incluir en este artículo para no separarle de los otros medios de extracción en húmedo.

Con este proceso dirigimos la acción terapéutica hacia la acción neurosensorial.

Se puede observar la capacidad para dirigir la acción de una planta empleando diferentes métodos de extracción con el ejemplo del árnica.

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