El dolor como fuente de aprendizaje

Tengo un amigo hospitalizado en Alemania y eso me ha llevado a una frase de Rudolf Steiner cuando definió La sabiduría como dolor cristalizado.

Este aforismo puede sonar, en un primer momento como un canto a cierto masoquismo; y, lleva directamente a la pregunta de si de verdad el dolor es necesario para aprender.

¿No podríamos aprender de una manera menos dañina?

La percepción del dolor

En alemán el verbo percibir se dice wahrnehmen, que significa literalmente tomar la verdad.

Se puede decir que los dolores que sentimos son siempre cierto. Es decir, tanto aquellos físicos, como los anímicos deben ser tenidos en cuenta como verdaderos y no tratar de negarlos..

El dolor corporal y la conciencia

Observando anatómicamente el organismo humano, se aprecia que en la zona de nuestra cabeza radica la conciencia, tanto el pensamiento como las percepciones sensoriales. Por así decirlo, del cuello para abajo, no tenemos ninguna conciencia. Salvo personas que han desarrollado algunas capacidades, nadie se entera de cómo “funciona” su digestión. No somos conscientes de la generación de nuestra sangre, del hígado o de la innumerable cantidad de procesos metabólicos que existen en nuestro cuerpo. Y, cuando se tiene esa conciencia, es porque existe un dolor. No sabemos de nuestras muelas hasta que no aparece una molestia, ni de nuestras piernas hasta que no ocurre lo mismo con una lesión.

Se puede deducir, por tanto, que requerimos del dolor para “darnos cuenta” de todo lo que realiza nuestro cuerpo.

El dolor anímico

Pero no solo se limita a un dolor físico, también ocurre lo mismo con el sufrimiento anímico. Nuestras tribulaciones nos llevan a tomar conciencia, y los poetas saben que siempre han escrito sus mejores letras en momentos de oscuridad. Paradójicamente es esta la que más le ilumina.

Del dolor a la conciencia

Lo primero que debemos hacer es percibir ese dolor, ya sea físico o anímico en toda su capacidad de revelar aquello de lo que hasta ese momento no éramos conscientes.

El siguiente paso sería no tratar de juzgarlo solo desde un pensamiento asociativo que lo relacione a una causa; sino abrirnos a aquel regalo oculto que lleva aparejado.

Y si ese dolor nos lo está generando otra persona, también se puede aprender y no matar al mensajero, sin antes haber escuchado su mensaje.

El último paso consiste en decirnos que “Somos mucho más que ese dolor“. Esto nos permite conectarnos con nuestro Ser más profundo, nuestro Yo esencial que puede observar, desde ahí, a aquel que está sufriendo.

Si se trata de un dolor físico aparejado a una enfermedad, se nos regala la posibilidad de poder sanarnos. Algo que no funciona de nuestra vida puede ser cambiado. Ya sea un mal hábito o de una conducta que nos ha llevado hasta ahí puede ser modificado. De esta manera se ha convertido en fuente de aprendizaje y de conciencia. Como ya se ha dicho en varias ocasiones en este blog, la enfermedad no es más que una oportunidad para sanarse

Si se trata de algo más anímico se puede también afrontar. Así una tristeza nos lleva a un duelo, que pone de manifiesto que algo hemos perdido. Nuestro miedo nos revela que podemos perder algo que tenemos en gran estima, o un enfado nos indica que nuestros límites han sido traspasados y que debemos actuar.

El dolor de la humanidad 

Existen personas con un alto grado de desarrollo que no solo sienten sus propios dolores individuales, sino que son capaces de percibir el dolor de la humanidad.

Nos encontramos en un momento en que un virus ha puesto de manifiesto diferentes sufrimientos. Desde la enfermedad, al duelo por aquellos que han perdido un ser querido. Pero también el miedo a perder el sustento, a no poder llevar una vida adecuada con los niños en la escuela, o a no poder ejercer nuestra libertad que tanto nos había logrado conquistar.

El dolor de la humanidad ha sido revelado y ante esto también se puede similar.

Primero tratar de percibirlo y sentirlo en toda su profundidad. Posteriormente no tratar de juzgarlo. Tampoco el encontrar la causa de manera inmediata nos va a llevar a aprender. Ni creyendo la versión oficial, ni tratando de adherirse a alguna de las teorías de la consolidación de un nuevo orden mundial vamos a aumentar la conciencia.

Ante esta enfermedad pandémica nos debemos preguntar sobre el qué podemos hacer

¿Que he hecho yo para que llegue a aparecer este Coronavirus?

¿Qué puedo hacer para si pasa esta pandemia no aparezca seguidamente otra nueva?

En este caso el dolor lo está sufriendo la humanidad, pero las respuestas han de ser personales y de cada uno.

Solo es de esperar que esta enfermedad no sea en vano y que nos lleve a aprender y a cristalizar una sabiduría que ayude a la evolución de la humanidad.

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